Dojo by El Templo del Japo
Fusión · Equipetrol, Santa Cruz
$$$·Equipetrol
Llevo años siguiendo la escena sushi de Santa Cruz, y El Templo del Japo siempre me pareció uno de esos lugares que conocen su oficio sin necesidad de gritarlo. Así que cuando anunciaron Dojo, su nuevo concepto, fui con expectativas altas y el pleno convencimiento de que la ambición suele ser enemiga del equilibrio. Me equivoqué. Dojo no diluye la marca; la expande con sorprendente criterio.
La premisa es deliberadamente seductora: "alitas, hamburguesas y sushi en un solo lugar", con rodizio diario. Sobre el papel suena a restaurante de centro comercial; en el plato, otra historia. El sushi sigue apostando por producto local —trucha, paiche, langostinos— y eso, en una ciudad mediterránea como Santa Cruz, ya es una declaración de principios. El Crispy roll, con su empanizado de panko y corona de queso crema artesanal, y el Acevichado de trucha, de cobertura acevichada con un punto justo de acidez, demuestran que la casa sabe manejar la grasa y el frescor en el mismo bocado. El Robata On fire, con chimichurri ahumado, es de esos platos que se quedan en la memoria.
Las hamburguesas son smash de doble carne, y aquí el cocinero se divierte: la Emi gochujang, con su salsa coreana y tocino crocante, y la Acevichada, que cruza la calle nikkei con la hamburguesería americana, son apuestas arriesgadas que funcionan. Las alitas, con salsas como búfalo sriracha, curry japonés y bluecheese de miso, son el acompañamiento ideal para una cerveza Huari bien fría.
Pero lo que define a Dojo es el rodizio. Cuatro modalidades —alitas (85 Bs), hamburguesas (105 Bs), ambas (125 Bs) y el Rodizio Dojo con todo incluido (149 Bs)— que convierten la cena en un pequeño espectáculo de excesos controlados. A 149 bolivianos comer sushi, smash burgers y alitas hasta donde dé el cuerpo es, sencillamente, una relación precio-experiencia difícil de igualar en la ciudad.
Mi consejo: vaya con hambre, deje el orgullo en la puerta y pida el rodizio completo. No se arrepentirá.
— Alex M. Gray